sábado, 8 de noviembre de 2014

La catástrofe de las historias de amor de Hollywood.

Son las doce y veintidós de la mañana de un sábado. Aquí me tenéis. Cualquiera pensaría que debería estar fuera, tomando algo, riendo y bailando. Dejar que mi pelo largo se despeine gracias al viento de Madrid, explotando cada segundo de ser joven y estar viva y sana. Yo también lo pienso. Pero no, hoy no me toca, hoy he pasado el día en casa porque ya era hora de enfrentarme al comienzo de mi Trabajo Final de Grado... lo que antes llamaban la tesis. Sí, necesito comenzar a buscar y desempolvar miles de libros del cuarto de archivo de bibliotecas que ni sabía que existían y en las que no había puesto nunca un pié.
Pero esta noche tampoco haré eso. No me culpéis, llevo en ello todo el día. Lo que querría hacer esta noche es ver tranquila una serie, charlar por teléfono con dos de mis mejores amigas, que viven a miles de kilómetros de distancia, caminar por Alcalá con algún amigo escuchando sus batallitas... Pero estoy en el Whatsapp, en debate de por qué siempre las chicas (y supongo que también los chicos) elegimos siempre a las personas que menos nos convienen, las relaciones prohibidas y los callejones sin salida.


¿Será que hemos visto y leído demasiadas historias con happy ending? Esperando siempre que el chico malo se de cuenta de que tiene corazón y que en realidad eres lo mejor que le ha pasado en la vida. Que aquel chico que has conocido en una discoteca cuando iba con tres copas, después de echar un polvo vea lo maravillosamente profunda y única que eres y te haga el desayuno la mañana siguiente. Que el guapo chico que se sienta tres filas por delante sea capaz de girarse, viváis un momento de atracción absoluto y te pida ser su cita para el baile.

O sencillamente, que el chico que te tira los trastos desde hace tiempo, te pone esa sonrisa encantadora y te dice lo preciosa que eres... se decida a dejar a su novia. Porque va a dejarla, ¿verdad? Sí, un día reunirá el valor para decirle que su relación llevaba años/meses rota y que se ella merece alguien que la quiera y la mime como él ya no puede. Y entonces correrá hacia ti, con un montón de flores en una mano y te dirá que ya no están juntos, que la ha dejado y que vuestra historia de amor ya puede empezar. Fin.

Nah. Chicas, ¿en serio? No. No os hagáis eso.
Antes de nada, quiero que sepáis que yo creo en esos pequeños milagros. Soy de las que cree de corazón que las personas pueden cambiar y que de hecho cambian. Creo en los momentos fortuitos y espontáneos en los que dos personas, de pronto conectan de una forma especial. Lo creo de verdad.
Pero también sé que no podemos ir con una venda en los ojos, pensando que siempre será así. No digo que no haya casos en los que realmente ocurra, que los hay. Pero también los hay en los que el chico con novia, de hecho sigue con su novia. Por algo lo es, ¿no? Porque le gusta, porque le reconforta, porque se han convertido en buenos amigos, por pereza o por costumbre... pero la realidad es que ella lo es. Tú no. Y, créeme, no quieres ser la tercera persona.

Te mereces a alguien que te de la mano por la calle al caminar, y que no te esconda por miedo a cruzarse con un conocido. Alguien a quien puedas llamar a cualquier hora por teléfono y no tenga que fingir que eres lo que no eres. Alguien que pueda presentarte a sus padres, amigos, con quien compartir momentos importantes, como un cumpleaños o una navidad en familia. Te mereces alguien que esté orgulloso de tenerte a su lado, que te valore y respete como persona. Alguien que te quiera lo suficiente como para no rebajarte a ser "la otra".

En otras palabras: ser la otra no mola. It's uncool. Caca.

Los chicos golfos pueden ser fieles, sí. Los chicos malos tienen corazón, sí. Los chicos guapos y que están tremendos no tienen porque ser superficiales o estúpidos, cierto. Pero no olvidéis que uno es lo que elige ser. El que es golfo es porque quiere serlo, el que es fiel, también. Son dos opciones igual de válidas y respetables. Pero quereos más que una relación que no os haga felices al 100%.

Ah, y otra cosa. No les rebajéis a ser "el otro". Ellos también sienten, también se merecen una chica que los quiera y los respete más que eso. Sed buenas, de corazón.

Si sois de las que recuerdan por imágenes aquí os lo dejo: nadie sueña con que su historia de verdadero amor sea esto, ¿verdad?


lunes, 22 de septiembre de 2014

El final de un nuevo Septiembre.

Y una vez más, septiembre se nos acaba. Tan rápido y hermoso como vino, se va. Mi mes favorito. Y aunque no debería y no tengo porqué, hoy me he puesto a pensar en ti. Ha llovido mucho desde aquello, de las sonrisas tontas y las miradas de reojo. De sonrojarme y las mariposas. Como dice la canción: ha pasado tanto tiempo desde el último verano, que ya casi no recuerdo que te había olvidado.
Y sí, la verdad es que lo hice. Para bien o para mal, fui la primera de los dos en soltarse de la mano. Siempre ha sido así, a veces por hacer lo correcto y otras porque lo mandaba el corazón.

Y ahora, cuando tanto tiempo nos separa, no puedo sino mirar aquellas fotos y sonreír. Fuimos felices, ¿te acuerdas? Pese a todo lo malo, todo lo que salió mal y todo lo que nunca llegó a poder ser. Pese a todo, fue algo bonito. Algo corto y bonito. Me hiciste llorar alguna que otra vez, pero también sonreía mucho.
Mentiría si digo que no hay cosas que eche de menos. Echo de menos que alguien me llame solo para decir “Ey… hola”, echo de menos los sentimientos sinceros, emocionarme con las pequeñas cosas como entonces. Echo de menos estar profundamente enamorada… aunque no te eche de menos a ti, al menos no desde el amor.
A pesar de todo lo malo, lo duro y la decepción; echo de menos esa luz dentro de la que te hablé una vez. Pero no importa, tú me hiciste ser fuerte. No es que me ayudases a serlo y me enseñases que era valiente, más bien me empujaste al abismo sin avisar y tuve que aprender o morir. Descubrí dentro de mí tantas cosas que ahora amo. Sin aquel empujón no habría sido posible.


Y he vivido tanto desde entonces… qué te puedo decir, cambió mi vida. Cambió mi forma de verme a mí misma y eso ha devuelto el color al cielo. Sé que suena ñoño… siempre he sido una ñoña en realidad, nunca fue un gran secreto.

Ya no creo en los príncipes azules, ni en el amor verdadero. Creo que todos los amores son verdaderos mientras se sienten, tanto si es un día como toda una vida. Creo que la vida está hecha para que nos enamoremos una y otra vez, para que hagamos el amor, para las caricias y los arañazos, para disfrutar. No hay medias naranjas… pero sí creo en exprimir todas las sonrisas que se puedan de los momentos en compañía, tanto si es la persona correcta o con la que hemos elegido equivocarnos.


Creo en muchas cosas que antes no creía… y he dejado de creer en otras tantas.
Espero que me entiendas cuando digo que nuestra mala suerte fue lo mejor que me pudo haber pasado. He crecido tanto desde entonces… Y te doy las gracias, nada de esto habría sido posible sin conocerte, sin enamorarme de ti y sin desenamorarme de ti.

Muchas gracias… y ojalá te encuentres a ti, como yo me encontré a mí. 

martes, 1 de julio de 2014

Viajes dentro y fuera de uno.

¿Habéis tenido alguna vez la sensación de que necesitáis iros lejos para desconectar, para encontraros a vosotros mismos, para reiniciar el PC mental? Pero qué pregunta, seguro que sí.

En esta entrada no vengo a hablaros de la vez que me salió bien, que me cambió por dentro para siempre, cuando fui todo eso que siempre quise ser. No, esta noche quiero escribir sobre cuando no va como esperamos, que también pasa.

Ahora estoy en Italia de nuevo, por un mes exacto. Hoy he tenido el primer reencuentro desde la última vez que estuve aquí, hace un año. Os voy a ahorrar todo lo que ya sabéis, risas, abrazos, más abrazos y más risas. En un cierto momento, la persona que estaba conmigo, tomando un helado, me ha empezado a hablar de una amiga suya, que al poco tiempo de acabar su Erasmus, ha vuelto para quedarse.
Me ha contado que, a pesar de que ahora está bien, los primeros meses han sido duros. "¿Por qué?", me preguntaba yo. Y me ha respondido "porque ella pensaba que iba a ser como un segundo Erasmus, y no, esta vez ya no estaba toda esa gente que conoció y la echaba de menos; ahora ya no era un Erasmus, sino ir a trabajar para pagar el piso que había alquilado... y aunque estaba su novio allí, ha sido duro al principio."
Ecco, uno de esos viajes para reencontrarte contigo mismo, con el que fuiste, con lo que sea... Y no. Ahora, imagino, esa amiga suya está encontrando un nuevo yo, creándolo poco a poco con las circunstancias que la rodean.

A mi también me pasa. Cada vez que viajo, cada vez que salgo de la ciudad o del país, voy buscando secretamente encontrarme de nuevo con la persona que fui durante mi año en Inglaterra, con la satisfacción de los sueños cumplidos, con la felicidad que se vive al resolver un gran problema. Pero no siempre me funciona. A veces me es muy difícil, como le pasaba a esta chica. Y entonces me siento mal, me pregunto por qué me he ido, me siento sola y me da nostalgia. Pero lo que también me da es mucho tiempo para pensar. Cuando uno tiene tanto tiempo para estar solo, no puede hacer más que sentarse de frente al problema que tiene. Normalmente, un problema de dentro de uno mismo.

Por eso, cada vez que viajo, hago "clic". Algo de mi cambia para siempre. Quizás son matices, detalles pequeñitos que nadie nota o incluso no noto ni yo al principio. A veces, como aquella vez, cambio tanto que todo el mundo lo nota, para bien o para mal. Y es que cuando uno está delante del verdadero problema que tiene, se planta frente a sus sentimientos y los deja fluir - teniendo tiempo para enfucererse, tener miedo o sufrir, en el peor de los casos - abre los ojos y ve el mundo de una forma distinta. Cuando puedes hablar contigo mismo y decirte "lo que de verdad me pasa es esto...", sin necesidad de explicar, ni esconder ni disimular un sentimiento; entonces fluye. Y quién sabe qué decide hacer cada uno con su nueva visión del mundo.


Yo tampoco sé si ya he cambiado, cuándo cambiaré o qué haré después... Solo puedo cruzar los dedos y recordar aquella frase famosa de Peter Pan: vivir sería una gran aventura.

miércoles, 4 de junio de 2014

A cara o cruz.

A veces hace falta mucha fuerza en la vida para tomar decisiones. Y no me refiero a decidir qué merendar o si ir andando o coger el autobús, me refiero a las decisiones importantes... esas que marcan los cambios de actitud.
La vida está hecha de momentos en los que tienes que tomar decisiones, todo el tiempo, a cada instante. Decides o mueres. El mundo se olvidará de ti si no sabes jugar a su juego. Y el objetivo del juego, déjame decírtelo pequeño lector, no es tomar siempre la mejor decisión, sino no dejar nunca de elegir. Mientras decides sigues siendo el rey de tu vida, el que controla... sigues a flote. La decisión correcta no existe, existe solo aquella que te hace sentirte feliz en el momento que la tomas. ¿Quién sabe si dentro de dos años esa fue la mejor decisión de tu vida o la peor? No importa, en ese momento lo sentiste así. Quizá ese día llovía y hacía mucho frío. Quizás te habías encontrado justo a la persona que no querías ver y tu familia no paraba de tocarte los huevos. O quizás era justo al revés y te sentías como si nada pudiese estropearte el día. Qué más da. Tomaste una decisión y basta. Era lo que había que hacer. Fuiste valiente y decidiste. Solo los cobardes se quedan mirando sus opciones sin saber qué hacer, esperando que otro venga y elija por él.



Decisiones que te cambian la vida, que no significan nada, que ni siquiera pensaste que estabas tomando. No importa. Es solo un juego. El juego de vivir donde uno ni gana ni pierde, solo sigue jugando. La meta es que cuando llegue el momento de dejar de jugar, te des cuenta de que lo has disfrutado.

A todos nos cuenta tomar decisiones, que no te engañen. Todos pensamos : ¿debería irme? ¿me hará daño? ¿qué pasa si no sale bien? ¿y si luego me arrepiento? ¿no está muy lejos? ¿es demasiado? ¿quizás muy poco? ....relájate. Todos hemos pasado por eso. Mira a tu alrededor, todas esas personas se han planteado las mismas preguntas. Algunas todavía no han decidido, están en proceso o hace mucho que lo hicieron. Algunas son felices y otras no... eso también es una elección. Así que mi propuesta es:

- Si no te gusta donde estás, vete.
- Si lo que haces no te hace feliz, déjalo.
- Si sabes que podrías llegar a más, hazlo.
- Si no eres feliz contigo, con él, con ella... cambia.

No pierdas demasiado tiempo atado a los resultados de la que ya sabes es una mala decisión. Y no porque lo fuese en su momento, sino porque ahora estás eligiendo seguir así. Una vez leí que si tienes dudas sobre qué hacer sobre algo muy importante, te la juegues a cara o cruz, porque cuando la moneda está en el aire, a punto de caer, ya sabes cuál quieres que sea el resultado. Muchas de las respuestas ya las sabemos, aunque nos empeñemos en negarlo... se sienten dentro.

No soy nadie para decirte esto pero... si no eres del todo feliz, ¿qué mejor momento que este para cambiarlo? ¿Cómo? Bueno... estoy segura de que eso, en el fondo, ya lo sabes...


Besos, 
Septiembre.

viernes, 25 de abril de 2014

Me gusta...

¿Sabéis qué me encanta de la vida? Que es brillante y de colores. Que es redonda y nunca para.
Me gusta saber que, siendo policromática, no importa si un día solo ves negros y azules demasiado oscuros o grises, porque a la mañana siguiente puede regalarte amarillos dorados, verdes hierba y rojos del color de un beso. Me gusta que sea impredecible, que no se pueda controlar... que sea intensa. Me gusta saber que tiene momentos para todo: para la risa, el llanto, las caricias y los silencios.



Lo bueno que tiene es que puede convertir una despedida triste, un corazón roto o una lágrima en una nueva oportunidad. Puede hacer que cualquier cosa sea una aventura. Y cuando digo una aventura quiero decir cualquier tipo de aventura: romántica, de conocimiento personal, internacional, imprevista, loca...
Porque nunca sabemos qué vamos a encontrar a la vuelta de la esquina y eso hace que vayamos hacia ella moviendo los pies aún más rápido. O al revés, que caminemos despacio disfrutando el momento, regocijándonos en cómo huele el aire, cómo suenan los zapatos al arrastrarse por el suelo... porque un segundo después puede que todo sea distinto.

Me gusta saber que los cambios malos nos ayudan a crecer y que los buenos nos pintan sonrisas en la cara, no importa si son inmediatas o a largo plazo. Me gusta cuando me pasan cosas que me hacen sentirme viva. Me gusta cuando me miras y sonríes, cuando me olvido de que existes y solo pienso en mi, cuando salgo de clase de boxeo y parece que voy a morir pero estoy más viva que nunca. Me gusta estar sola y poder conocerme, reflexionar, mimarme. Me gusta cuando estás y me enseñas cosas nuevas, me haces hacerme preguntas, me fortaleces. Me gusta ser joven y sentirme libre.



Quizás penséis que estoy loca después de la entrada de anoche, pero es que he tenido un muy buen día y creo que eso es algo bueno. Y las cosas buenas están hechas para compartirse. Me gusto hoy, me gusta el hoy.

jueves, 24 de abril de 2014

Cuando la vida se para.

Y es así, a veces el mundo se pone en pausa. Así, sin más, sin avisar. De pronto se para. Y estoy ahí en medio, sin saber a dónde ir. Quizás nunca lo supe, quizás lo he olvidado. Quizás lo tenía muy claro hace dos segundos y ahora no puedo recordarlo.



Y vivo esperando a que algo pase, esa cosa que hace "clic", que hace que de pronto el aire sea más limpio y las estrellas más brillantes. Algo que me llene, me refresque, me inunde. Pero no.
A veces simplemente no sé qué decir. Tengo tantas cosas que decir, tanto que expresar, tanta intensidad... y me quedo mirando por la ventana... esperando que el calendario vuelva hacia atrás y me devuelva a aquel año en el que fui tan feliz, donde fui yo misma, donde nada más importaba.
Pero no se puede. Algunas veces soñamos con cosas que nunca podremos tener y otras, sin embargo, tenemos cosas que nunca habíamos soñado. Cuando has tenido ambas, te quedas atrapado en un especie de espacio vacío donde nada tiene importancia más allá de cinco minutos y todo es agridulce. Quizás es bueno... o no.
No sé. No sé quién, dónde, cuándo, cómo, por qué... No sé qué es lo que busco ni si algún día me volveré a encontrar... en un poso de café, en un escaparate de una tienda hortera o en un atasco ruidoso.

¿Habéis soñado alguna vez con que estáis en un aeropuerto, esperando a que la puerta de "llegadas" se abra, con el corazón latiendo intensamente por la espera? Pues esa soy yo. Pero no sé a quién espero. No sé qué demonios hago ahí... si "lo esperado" está a punto de llegar o necesito ir a la terminal de salidas y coger un billete para el primer vuelo que salga.

Supongo que en el fondo tiene gracia. Me pregunto cuántas personas habrán sentido esto en algún momento de sus vidas... cuántas estarán en este momento pensando lo mismo. Querido desconocido, no estás solo. Vamos a salir de esta... me lo dice la patata. Y, un día, nos reiremos de esto.


miércoles, 2 de abril de 2014

Frente al espejo

Salió desnuda de la bañera, se miró en el espejo y descubrió la mejor parte de sí misma. Una verdad vibrante, una silueta imprecisa, un borrón cálido de color que se perdía entre el rosa y el dorado. Ella no era lo que sus amigos veían cuando se arreglaba para salir. No era lo que dejaba ver a sus amantes cuando se desnudaba. Tampoco era la sencillez de cuando comía los domingos en casa de su abuela. Ni la elegancia de cuando iba a las entrevistas de trabajo bien vestida.
No era el conjunto de las cosas que los demás opinaban de ella, las alabanzas sinceras de unos y las críticas a la espalda de otros. No era el conjunto de prejuicios, de expectativas, de opiniones externas. No era nada de eso.

Se miró de nuevo o, mejor dicho, observó su reflejo otra vez. Lo que veía sobre aquel espejo, cubierto por el vapor, la agradó. No había imperfecciones en la piel, ni había kilos de más. No había marcas de expresión, ni granitos maquillados cuidadosamente. No había ojeras producidas por el poco sueño ni tenía los labios secos.
Era, sencilla y justamente, lo que quería que los demás vieran. Era una persona. No un cuerpo. No era lo que dictan las revistas de moda, la ropa que llevaba o la marca de perfume que usaba.


Se sonrió a sí misma, a lo que veía. Siempre le sobraría algún kilito para su gusto. Nunca llevaría el conjunto adecuado según su abuela. Jamás se acordaría de abrochar el último botón del abrigo o de contar hasta diez cuando pensaba en improperios. Pero así era ella. Irónica, aventurera, solidaria, dulce, ingeniosa, sincera, leal, directa y, a veces, un poco agria. Así, auténtica. Y por un momento, se dio cuenta, que era todo lo que siempre había querido ser: ella misma.


domingo, 30 de marzo de 2014

Tú y tus reglas, tú y el mundo.

"Certe notti la strada non conta, quello che conta è sentire che vai." Luciano Ligabue.

Avanzar en el espacio y el tiempo. Darte a ti mismo otra oportunidad. Ver los colores de otros cielos, el olor de nuevos sentimientos. Explorar para perderte y explorar para encontrarte.

Cuando las calles están llenas de extraños demasiado ocupados con su calendario, te descubres pudiendo ser cualquier cosa que quieras ser. Ser valiente, innovador, vanguardista, bohemio, alegre, triste, dulce, sarcástico... diferente. Lo puedes todo. Romper el reloj, quemar los problemas. Dejar que empape tu cabeza una lluvia llamada libertad. La libertad de ser, de escribir y de borrar. De elegir con quién equivocarte. De redefinir lo correcto y lo incorrecto... de desdibujar los límites.



Te das cuenta de que todo puede ser al revés. No es un día más, es El día. Ese día en que el mundo te espera a ti y tú decides cuándo amanece. Tú decides si reservar tus besos o regalarlos. Decides si el clima es cálido o la calidez está dentro de ti. Decides si pasear sobre un camino de baldosas amarillas o quitarte los zapatos y correr sobre la hierba fresca... si componer la más bella melodía o pararte a escuchar el mar golpeando las rocas.

Ese día en que eres tú. Tú y tus reglas, tú y el mundo. Ese día en que todo brilla o todo está apagado, en que la lluvia te sabe a lo que más te gusta, en que todo puede ser perfecto... o perfectamente imperfecto.



Ese día... es hoy.

Porque algunas noches no importa el camino... lo que cuenta es caminar.

sábado, 29 de marzo de 2014

Cielo gris sobre Madrid

Algunos lo odiarán por no poder disfrutar del no tan cálido sol de Marzo. Otros dirán que es el día perfecto para estar en casa en pijama, coger un bol de palomitas o un café calentito y ver esa película o leer ese libro para el que nunca tienen tiempo. Yo, sencillamente, he hecho ambas cosas y, después de odiarlo y amarlo, me siento frente a la ventana a contemplar como pasan ante mi recuerdos y nostalgia, cogidos de la mano.
En realidad, todos los días nublados se parecen... aquí, en Londres, en Munich y en París. Creedme, puedo asegurarlo. En todas partes la lluvia tiene la magia de transportarte y hacerte soñar con otros lugares... o recordarlos como me pasa a mí. 
Aquí, frente a mi ventana veo la lluvia caer y las gotas bailar un canción lenta sobre mi cristal. Fuera, las gentes caminan bajo sus paraguas o corren para evitar mojarse. Los coches continúan su camino como de costumbre, solo que haciendo más ruido del habitual. La vida sigue... no importa el color del cielo. 
Me gusta pensar que la lluvia es una buena excusa para acercarse aún más a la gente. Se hacen cosas juntos, nos apretujamos para encontrar unos centímetros más bajo el paraguas, por muy pequeño que sea. Todos hemos vivido uno de esos momentos en los que van dos personas juntas bajo el paraguas, demasiado pequeño, buscando la posición perfecta para encajar, el ángulo en que sujetar el paraguas, calculando la dirección del viento... para acabar las dos personas muy pegadas y empapadas cada una por un costado. Trabajo en equipo, aunque el resultado sea desastroso... o quizás no tanto si termina con una sonrisa.



La lluvia tampoco es tan horrible con una buena canción para acompañar. Una banda sonora que haga que parezca que cada gota cae a la vez que una nota musical. Aunque... la propia lluvia tiene su propia melodía. Suena a pisadas con calcetines de colores, al pasar de las páginas de un libro, a charlas en las que se arregla el mundo frente a una taza de café. No sé  a vosotros, pero a mi el mundo me huele mejor tras una tormenta... más limpio y menos hipócrita. La lluvia es una de las pocas cosas que no hemos podido cambiar en el mundo... y doy gracias por ello. O

viernes, 28 de marzo de 2014

Caminar sobre los charcos

Los primeros pasos son siempre los más difíciles, dicen, aunque quién sabe, la gente dice tantas cosas... Las primeras veces pueden resultar increíblemente complejas, pero también pueden ocurrir sin que uno se de cuenta. ¿Alguien se acuerda de la primera vez que sonrió? Y no me refiero a cuando uno es pequeño y sonríe sin más, sino la primera vez que se hace con intención, de manera consciente y voluntaria por algo que realmente te toca el corazón. La mayoría tendremos que contestar que no. Recordamos muchas de esas veces, sí, ¿pero la primera? Lo dudo mucho. A veces, esas primeras veces ocurren y no les prestamos atención porque estamos demasiado ocupados siendo felices como para pensar en ellas. No hay nada de malo en eso, todo lo contrario: adelante, ojalá estés demasiado ocupado siendo feliz toda tu vida y, cuando tu final se acerque, tengas un millón de anécdotas que contar sonriendo.
Pero, sin embargo, también hay otras primeras veces que sí nos dan más de un dolor de cabeza, que crean más de un dilema interior. Si todo pudiese representarse en las películas, este momento sería ese en el que el ángel bueno y el malo siempre tratan de influenciar al protagonista, cada uno en un hombro. Son esos momentos en los que lo que queremos y lo que debemos hacer son cosas opuestas. Por ejemplo, caminar sobre los charcos. Tú madre seguro que te decía de pequeño que tuvieses cuidado de no pisarlos, que el agua sucia podría manchar tu ropa o podrías mojarte los pies si no llevabas puesto las botas de agua. Las botas de agua... ¿quién las lleva puestas cuando más falta hacen, cuando de pronto empieza a llover, tras todo el día haciendo sol y todos tus compañeros de clase van corriendo a saltar y echarse agua entre ellos, una vez terminada la tormenta? ¿Dónde están las dichosas botas en ese momento? Y tus padres han sido muy claros: sin botas no se pueden pisar los charcos. Pero tu voz interior te dice que vayas con los demás, que te diviertas, que no solo los pises, que saltes y brinques sobre ellos... Y entonces, saltas.
Efectivamente, la ropa se te mancha, los pies se te mojan y pasas mucho frio una vez terminada la tontería... pero lo has disfrutado enormemente. No importa si después tus padres te tiran de las orejas, te dan un capón o te regañan, ese día has sido el rey de los charcos.
Así que yo os digo, ojalá luchéis por ser el rey o la reina de los charcos cada día, por probar algo nuevo, por experimentar. Y no importa lo que digan: nunca es tarde para hacer algo nuevo, algo por primera vez. Quizás sea un paseo sobre un charco, quizás una declaración de sentimientos, quizás un bollo que siempre habíais querido cocinar... quizás una entrada en un blog. 
Da un salto por ti, por las primeras veces, por las pequeñas cosas.


Feliz 28 de marzo... 
Fdo: Otra reina de los charcos.