Y es así, a veces el mundo se pone en pausa. Así, sin más, sin avisar. De pronto se para. Y estoy ahí en medio, sin saber a dónde ir. Quizás nunca lo supe, quizás lo he olvidado. Quizás lo tenía muy claro hace dos segundos y ahora no puedo recordarlo.
Y vivo esperando a que algo pase, esa cosa que hace "clic", que hace que de pronto el aire sea más limpio y las estrellas más brillantes. Algo que me llene, me refresque, me inunde. Pero no.
A veces simplemente no sé qué decir. Tengo tantas cosas que decir, tanto que expresar, tanta intensidad... y me quedo mirando por la ventana... esperando que el calendario vuelva hacia atrás y me devuelva a aquel año en el que fui tan feliz, donde fui yo misma, donde nada más importaba.
Pero no se puede. Algunas veces soñamos con cosas que nunca podremos tener y otras, sin embargo, tenemos cosas que nunca habíamos soñado. Cuando has tenido ambas, te quedas atrapado en un especie de espacio vacío donde nada tiene importancia más allá de cinco minutos y todo es agridulce. Quizás es bueno... o no.
No sé. No sé quién, dónde, cuándo, cómo, por qué... No sé qué es lo que busco ni si algún día me volveré a encontrar... en un poso de café, en un escaparate de una tienda hortera o en un atasco ruidoso.
¿Habéis soñado alguna vez con que estáis en un aeropuerto, esperando a que la puerta de "llegadas" se abra, con el corazón latiendo intensamente por la espera? Pues esa soy yo. Pero no sé a quién espero. No sé qué demonios hago ahí... si "lo esperado" está a punto de llegar o necesito ir a la terminal de salidas y coger un billete para el primer vuelo que salga.
Supongo que en el fondo tiene gracia. Me pregunto cuántas personas habrán sentido esto en algún momento de sus vidas... cuántas estarán en este momento pensando lo mismo. Querido desconocido, no estás solo. Vamos a salir de esta... me lo dice la patata. Y, un día, nos reiremos de esto.


#PostErasmus
ResponderEliminar#TakemebacktoLeeds
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