Esta noche paseaba con mi amigo David hacia el metro por la calle Preciados, después de un día largo y frío, y casi me da un ataque epiléptico con las luces que han puesto.
Ahí es cuando he pensado: "coño, es casi navidad". Y no porque lo diga El Corte Inglés, sino es que ya casi estamos en diciembre y el granizo que caía a las cinco de la tarde sobre mi coche, volviendo de trabajar, lo confirma.
No sé si será que me estoy haciendo muy mayor, pero este año no lo siento como los anteriores.
Si os soy sincera, tengo que admitir que yo vivo muy intensamente las navidades. Soy como un elfo de Papá Noel algo mayorcito y perdido en la vida, pero elfo al fin y al cabo.
Me encantan las decoraciones, envolver los regalos, las cenas y comidas en familia; y toda esa parafernalia. Simplemente es una parte de mí.
Este año, por alguna razón, no acabo de llegar al sentimiento. Como cuando empiezas a inflar un globo y vas perdiendo fuerza a la mitad.
No sé, influirá también que cuando me preguntan "¿qué quieres por navidad?", solo se me ocurra decir cosas como: un salario decente, estabilidad emocional, un propósito en la vida o políticos que no nos roben. Que ya no "puedo" comerme los polvorones a puñados o el turrón como si fueran pipas. Que las fiestas de nochevieja cada vez me dejan peor resaca y así tampoco me gusta empezar el año. O que me gustaría poder felicitar las fiestas a un montón de amigos en persona que, por cosas de la vida, ya viven en otros países y no les puedo abrazar.
O quizás sea solo que aún sigo revuelta por esas mierdas de luces epilépticas.
En realidad, voy a permitirme ser del todo honesta y un poco moñas y admitir que el mejor regalo de navidad de este año es mi sobrina Alejandra.
Hoy he recibido un vídeo de ella por Whatsapp, porque ha aprendido a hacer pedorretas y se llena a sí misma de babas cuando lo hace. Cinco meses de vida y un sinfín de navidades por delante. Me derrite el corazón y me llena los ojos de ese brillo especial, quizás por eso no me queda más emoción para otras cosas.
Me hace olvidar el corazón roto, la incertidumbre laboral y todos los miedos e inseguridades. Ella, que va descubriendo las cosas más sencillas del mundo cada día. Ella, que todo es su primera vez.
Estas serán sus primeras navidades y pasarlas con ella es todo lo que podría pedir en mi carta a los Reyes Magos. Eso y pasar muchas, muchas más.
Me encantaría compartir ese sentimiento con todo el mundo, pero bastante tengo ya con compartirla con el resto de la familia.
Feliz 25 de noviembre y cuidado con las luces de Preciados.
Septiembre.

