viernes, 28 de octubre de 2016

Blanco sucio

Toca el cristal de la ventana con la yema de los dedos y aparta la mano deprisa. Hace frío, mucho frío.

Son las seis y media de la mañana de aquella ciudad del norte de Inglaterra. Es Semana Santa, pero al clima inglés parece no importarle en absoluto y desafía a los madrugadores a salir bajo la nieve que cae, perfecta en su sencillez.

No es una nevada tímida y tonta. Hace horas que los copos caen, decididos a cubrir cada centímetro de la ciudad. Progresivamente, todos los colores han ido desapareciendo para dejar paso al blanco. Los coches, los parques y las carreteras. Las señales, los semáforos y el buzón de correos. Hasta el ruido parece haber sido consumido por la nieve.

Aprovechando que la ciudad universitaria aún duerme, Ella deja su taza humeante sobre la encimera, se pone su abrigo morado y sale a la calle, dispuesta a ser el único color oscuro en ese día de abril.

Pero no tiene ese privilegio y, a sus pies, unas flores rojo fresa se alzan entre la nieve, como las últimas supervivientes en la batalla. Manchas de sangre en un vestido blanco.

Justo en ese momento, un coche pasa a su lado, haciendo sonar el claxon y destrozando la quietud que lo abrazaba todo. Ella sale de su ensueño y se descubre a sí misma en mitad de una carretera oculta bajo la nieve. Pero ahora esta ha cambiado y se ha vuelto marrón grisácea. Tras unos minutos y un par de coches más, las torres de copos no son más que un desagradable charco marrón, sucio y resbaladizo.

Una hora después, la ciudad vuelve a la vida y el blanco es relegado a esos lugares donde la gente no pisa. Como los sueños que se tiene en secreto, donde solo los ojos expertos saben encontrarlos.

Las gentes corren de un lado para otro, intentando guarecerse del frío, sin tiempo para disfrutarlo.
Y, mientras, los copos siguen cayendo. La melodía del frío está reservada solo para los valientes, aquellos capaces de sobrevivir a la ola de escalofríos y la bajada de temperatura. A quienes esperan, mirando al cielo, y son capaces de descubrir un baile de cristal.

Y así, Ella se da cuenta que el único desorden hemos sido nosotros. Lo caótico, corrupto y desequilibrado. El sinsentido y la anarquía.
El único animal que muerde la mano que le da de comer.
Hemos sido el agujero negro en medio de la belleza. La chispa que comienza el incendio.

¿Era una exageración decir que fuimos la primera mariposa que provocó el primer huracán?

Teníamos el potencial, pero eso es todo. El enjambre agitado, lleno de abejas que nunca habían visto una flor. La espada sin empuñadura.

Y sangramos... e hicimos sangrar.


Septiembre

jueves, 20 de octubre de 2016

No, gracias.

Queridos puntos de luz más allá de la red,

siento el abandono, pero a veces incluso yo me quedo sin palabras y no sé qué decir.
Vengo a contaros que en ocasiones es tan importante saber decir que sí, como decir "no, gracias" y dar media vuelta.

Es difícil. y duele. Vamos a comenzar dejando claras esas dos cosas, nadie debería caer en el error de pensar que es más fácil ser quien dice no, que ser a quien se lo dicen.

Resultó que, en este momento de mi vida, Nueva York no era mi sitio en el mundo. Es un lugar al que hay que ir, al menos una vez en la vida, pero no era para mí. No en este momento. Y como leí una vez en Facebook, no tienes porqué adaptarte a algo que no te hace feliz.
Pero es duro, porque quieres pensar que si lo intentas un poco más, que si aguantas unas semanas más, si cambias tus rutinas, si sonríes más... Quizás, así, al final funcione. Quizás se pueda salvar algo del proyecto que un día te hizo tanta ilusión empezar y que ahora está desmoronándose. Pero, en mi caso, el tiempo pasaba y la angustia seguía ahí, apretándome la garganta, sin dejarme respirar. Y una voz dentro de mí repetía "I don't belong here", sin parar.
Así que tras un tiempo prudencial, tuve que admitir que aquello no era para mí, o que yo no era para aquel sitio. E hice las maletas. Y cuando las dudas volvieron, torturándome con su "¿quizás con una semana más...?", me limpié las lágrimas y dije "no, gracias".

Y de verdad, lo agradezco.
Agradezco que se den oportunidades en la vida que nos permitan abarcar distintas opciones. Agradezco que me eligiesen. Agradezco a esa ciudad todo lo que me ha enseñado, sobre ella y sobre mí. Agradezco todos los amigos que he hecho, todas las primeras veces, todas las luces de la ciudad cuando es de noche. Agradezco al Pier 6 toda su magia, y haber conocido a quien me lo enseñó y lo disfrutó conmigo. Las risas eternas, las conversaciones en las que somos siempre jóvenes.

Pero no, gracias. Ojalá más adelante, ojalá volvamos a vernos y entonces sí sea el momento.

Agradezco eternamente a mi ex todo su tiempo conmigo, sus ganas, su ilusión, su esfuerzo y dedicación. Te agradezco de corazón todo el amor que le has puesto.
Agradezco que lo sigas intentando, sutilmente, porque significa que ves en mí algo especial, que crees que merezco la pena. Agradezco haberte conocido, todo lo que hemos pasado juntos.
Pero no, gracias.

Porque cuando algo no te nace, simplemente no se puede forzar.

Agradezco al nuevo todas las emociones bonitas que ha sido capaz de resucitar en mí. Todos los instantes en que de verdad creí que había una luz. Te agradezco los gestos, las caricias, los suspiros robados. Te agradezco que me hayas hecho sentir cosas que ya se me habían olvidado. Pero te agradecería mucho más que en su momento me hubieses dicho "no, gracias" cuando se hizo evidente lo que sentía, en lugar de darme alas.
Así que, con el dolor de mi corazón, no sonrío ante tus bromas que antes me desataban mariposas, ni te sigo el juego más. Ante tus sonrisas que me hacen sentir que podría seguir intentándolo, te digo "No, gracias", y borro tu número de mi teléfono.

Porque cuando algo no te nace, yo no lo puedo forzar, por mucho que quiera.

Agradezco a la vida toda la gente que va de frente, todos los que tenéis el valor de ser honestos con vosotros mismos y con los demás, y decís "no, gracias" cuando es necesario. Todos los que tenéis la fuerza y el coraje que se necesitan para no torturaros con cosas que sentís que no son para vosotros. Sois tan valientes como todos aquellos que saben decir que sí.

Así que, por hoy, sois los únicos a los que les digo "sí".
Sí, porque aunque sea duro no hacéis a nadie perder su tiempo, ni jugáis con las emociones, ni dejáis que haya engaños ni mentiras. Porque sois directos y sinceros. Porque sabéis identificar cuando es un "nunca" y cuando es un "quizás más adelante", y lo decís. Porque contáis con que la gente no se lo tome bien, pero aún así sabéis que es lo correcto. Porque si no os nace, no lo fingís. Porque agradeceríais la misma honestidad con vosotros, y sembráis lo que esperáis recoger. Por ser consecuentes y realistas. Porque sabéis que a veces tenéis que ser "los malos", pero en realidad no lo sois. Porque el mundo necesita más verdad y más gente valiente, como vosotros.

A todos vosotros a los que os duele decir "no" a algo o alguien que queréis, pero que sabéis que es lo correcto y lo hacéis,

gracias.