martes, 1 de julio de 2014

Viajes dentro y fuera de uno.

¿Habéis tenido alguna vez la sensación de que necesitáis iros lejos para desconectar, para encontraros a vosotros mismos, para reiniciar el PC mental? Pero qué pregunta, seguro que sí.

En esta entrada no vengo a hablaros de la vez que me salió bien, que me cambió por dentro para siempre, cuando fui todo eso que siempre quise ser. No, esta noche quiero escribir sobre cuando no va como esperamos, que también pasa.

Ahora estoy en Italia de nuevo, por un mes exacto. Hoy he tenido el primer reencuentro desde la última vez que estuve aquí, hace un año. Os voy a ahorrar todo lo que ya sabéis, risas, abrazos, más abrazos y más risas. En un cierto momento, la persona que estaba conmigo, tomando un helado, me ha empezado a hablar de una amiga suya, que al poco tiempo de acabar su Erasmus, ha vuelto para quedarse.
Me ha contado que, a pesar de que ahora está bien, los primeros meses han sido duros. "¿Por qué?", me preguntaba yo. Y me ha respondido "porque ella pensaba que iba a ser como un segundo Erasmus, y no, esta vez ya no estaba toda esa gente que conoció y la echaba de menos; ahora ya no era un Erasmus, sino ir a trabajar para pagar el piso que había alquilado... y aunque estaba su novio allí, ha sido duro al principio."
Ecco, uno de esos viajes para reencontrarte contigo mismo, con el que fuiste, con lo que sea... Y no. Ahora, imagino, esa amiga suya está encontrando un nuevo yo, creándolo poco a poco con las circunstancias que la rodean.

A mi también me pasa. Cada vez que viajo, cada vez que salgo de la ciudad o del país, voy buscando secretamente encontrarme de nuevo con la persona que fui durante mi año en Inglaterra, con la satisfacción de los sueños cumplidos, con la felicidad que se vive al resolver un gran problema. Pero no siempre me funciona. A veces me es muy difícil, como le pasaba a esta chica. Y entonces me siento mal, me pregunto por qué me he ido, me siento sola y me da nostalgia. Pero lo que también me da es mucho tiempo para pensar. Cuando uno tiene tanto tiempo para estar solo, no puede hacer más que sentarse de frente al problema que tiene. Normalmente, un problema de dentro de uno mismo.

Por eso, cada vez que viajo, hago "clic". Algo de mi cambia para siempre. Quizás son matices, detalles pequeñitos que nadie nota o incluso no noto ni yo al principio. A veces, como aquella vez, cambio tanto que todo el mundo lo nota, para bien o para mal. Y es que cuando uno está delante del verdadero problema que tiene, se planta frente a sus sentimientos y los deja fluir - teniendo tiempo para enfucererse, tener miedo o sufrir, en el peor de los casos - abre los ojos y ve el mundo de una forma distinta. Cuando puedes hablar contigo mismo y decirte "lo que de verdad me pasa es esto...", sin necesidad de explicar, ni esconder ni disimular un sentimiento; entonces fluye. Y quién sabe qué decide hacer cada uno con su nueva visión del mundo.


Yo tampoco sé si ya he cambiado, cuándo cambiaré o qué haré después... Solo puedo cruzar los dedos y recordar aquella frase famosa de Peter Pan: vivir sería una gran aventura.

2 comentarios:

  1. Este post me gusta muchisimo porque tenemos la misma idea de lo que es un viaje y lo que significa cambiar un poquito mas cada vez :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Muchas gracias por tu mensaje, Laura!
      Me ha encantado saber que lees mis posts y más aún que te gustan y tenemos esas pequeñas cosas en común.

      Un beso enorme y un cálido abrazo.
      Ti voglio bene.

      Eliminar