miércoles, 27 de mayo de 2015

Las "grandes" decisiones.

Tengo que confesar que siempre he sido un poco alérgica a tomar según qué decisiones. Igual es porque me planteo demasiado las cosas, porque para mí todas las decisiones son importantes y cambian de alguna forma mi vida. Tampoco me toméis por una loca, no estoy hablando de decisiones como qué ponerme o si le echo una cucharada o dos de azúcar al café. No, no os estoy hablando de eso. Mis dudas son un poco más complejas: romper o no una relación, aceptar o rechazar un trabajo, mudarme de país o quedarme en el mismo... Esa clase de cosillas insignificantes son las que me preocupan. Ahora, posiblemente esteis pensando "bueno, ese tipo de decisiones no se toman a la ligera".

Pero, ¿por qué no? ¿Por qué hay que meditarlo todo como si nuestra vida dependiese de un sí o un no? Una vez escuche a alguien decir "Vamos a ver, tú míralo de esta forma cuando tengas que tomar una decisión importante: ¿eso importará dentro de cinco años?" Y, en realidad, en la mayoría de los casos, la respuesta es que no.

El problema con el sexo opuesto es sencillamente que no queremos conformarnos. Queremos todo y no queremos nada. Queremos una relación estable y sólida y a la vez la libertad de no estar atado a nadie ni a nada. Queremos el cielo y la tierra. Por eso, al final la pregunta es más bien corta: ¿le quieres? Y si tardas más de unos segundos en responderte a ti mismo, ya sabes la respuesta. Agua que no has de beber déjala correr. O lo que es lo mismo, si no vas a dar el 100%, no le hagas perder el tiempo, que es breve y no dura para siempre. No hay boton de "reintentar" cuando se te acaban las vidas.

Los trabajos son otra historia. Aquí, entran en juego otros factores: la familia, la independencia, los gastos de los que no te puedes deshacer, las obligaciones... Pero déjame decirte que al final siempre quedas tú. Nadie quiere estar atado a algo que lo hace infeliz solo porque le da dinero cuando nadie más depende de ese sueldo. Los trabajos deberían (utópicamente) ser algo que nos enriquezca como personas, que nos ayude a mejorar, a crecer... encontrar ese trabajo en el mundo por el que te pagan, cuando en realidad te llena tanto que lo harías incluso gratis. Sé que estoy hablando de ello con mucha fantasía quizás, pero aspirar a cualquier cosa por debajo me parece que es hacerse un flaco favor.

Y viajar... ¿qué voy a deciros? Yo vivo siempre con la cabeza en las nubes y levanto la vista con nostalgia cada vez que veo un avión en el cielo. A mi me hace feliz viajar, conocer el mundo y conocerme a mi en el proceso. Hay personas que su vínculo familiar es tan fuerte que no pueden separarse de los suyos por más de unos días. Hay personas que viviríamos con una mochila a la espalda y un mapa en la mano. No importa qué tipo de vida elijas, dónde te asientes o bajo qué cielo duermas cada noche. Dicen por ahí que "hogar" es el sitio donde tienes el corazón. Da igual si es tu calle de siempre o estás a 8723 Km de distancia.

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1 comentario:

  1. Me ha encantado la entrada! Sin duda siempre son dificilies las decisiones, pero a veces me parece que influye más lo externo a lo que nosotros mismos queremos y necesitamos, aunque tambien depende de las personas.
    En cuanto a lo del trabajo, como tu dices parece de Utopia trabajar de aquello que nos apasiona, que sentimos vocacion, pero creo tambien que es porque asi lo ha construido la sociedad, tal vez podamos cambiarlo, es cuestion de tiempo, de voluntad y querer hacer las cosas mejor de lo que se hacen.
    Y los viajes, qué voy a decirte, me pasa como a ti, tengo tantas ganas de ir a tantos lugares...

    Que pases muy buena semana,

    Cristi

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