Cuando cruza la puerta del portal, aún nadie ha puesto las calles. Los niños aún duermen en sus camas, los trabajadores de las oficinas le arañan los últimos minutos al reloj. El sol no ha decidido aún por completo si es hora de encenderse, todavía tiene sueño. Ambos lo tienen. Pero él sabe que el día ya ha comenzado, con o sin luz, con o sin ganas.
Se mueve en un espacio que muchos frecuentan, pero en un tiempo que muy pocos conocen. Porque todo se ve de otra manera cuando atraviesas una calle para ir a trabajar, con los primeros rayos del sol, que cuando vuelves a casa de fiesta.
El momento del día en el que él existe es casi una leyenda urbana para muchos. Las horas frías de la mañana, los verdaderos primeros vestigios de luz diurna. El sol roza algunos edificios, casi tímido, con sus tonos suaves y que aún no calientan. Prefiere no mirar al reloj, aunque sabe demasiado bien la hora que es. No debería estar yendo a ningún sitio a esa hora, no debería estar en la calle, ni vestido. Ni siquiera debería estar despierto. Pero la vida no es del mismo color para todos, dicen por ahí.
Quizás tenga la culpa por haber cometido un par de errores en el pasado. Quizás no debió dejar la escuela tan pronto. Pero tenía razón, al menos en una cosa, y es que las cosas más importantes de la vida no se aprenden de un libro. ¿Qué libro podría enseñarle a caminar entre las horas, en ese momento del día que hace malabarismos entre el alba y la negra noche? ¿Quién podría haberle preparado para la vida, mejor que la vida misma? Así que tomó su decisión, buena o mala. La verdad es que ya no importa. El pasado existe para enseñarnos algo, el futuro para soñar con algo. Lo que cuenta es qué has aprendido hoy, qué haces para acercarte a tu sueño.
Así que él sigue caminando, limpiando con sus huellas la bruma que deja el ayer. Trabajará hasta que vuelva a recorrer esa acera, caída la noche. Él da los buenos días al sol y las buenas noches a la luna, nunca al revés. Es el mago de los tiempos, el héroe de las horas.
La música, como siempre, invade sus oídos, su alma, mientras sus pies le acercan a su destino. Puede tener que ver, quizás, con eso que dicen de que la música amansa a las fieras, y la suya tiene sed. Sed de un mundo más justo, de una vida más allá de ese barrio y esas calles, de un pan más barato y unas horas mejor pagadas.
También es que todo gran amanecer necesita una gran banda sonora. ¿Y quién mejor que él para ponerle melodía al color? Siempre las notas más limpias, las letras más prometedoras.
Sí, así es él: música. Libre para llenar corazones, viajar, volar, convertir, crear, ilusionar, experimentar, innovar. Libre de ir y venir. Libre para hablar de amor, de soledad, de noches que no acaban en un verano eternamente joven, de lluvia. Crea sonrisas, alivia lágrimas, susurra palabras de esperanza, acaricia. Sensual como una mano sobre la piel desnuda. Fresco como las olas del Océano Atlántico. Inesperado. Salvaje.
Lleno de ganas de vivir. Aún temprano en la mañana. Aún cuando la noche se vuelve negra. Mientras el corazón lata como notas altas saliendo un altavoz. Mientras quede aire por respirar, lugares que ver, mentes que abrir. Mientras todo eso pase, sus ganas seguirán ahí: alimentándolo, alentándolo.
Y con ese pensamiento, desaparece entre las calles, las esquinas, la niebla. Se convierte en un desconocido, un extraño, un loco que recorre las calles demasiado temprano, demasiado tarde. Se pierde en esas horas que nadie cree que existan, antes que la salida del sol y después de acostarse la luna. Cuando los niños duermen y los minutos se paran para todos menos para él. Tan único y complejo, tan incomprendido y gratificante.
Siendo sinceros, puede que sea a veces desesperante, arrogante, incrédulo, inapropiado. Puede que haya mil cosas de sí mismo que no le gusten. Puede que sea perfecto en la imperfección, como todos los demás, como nadie más. Puede que sea todo eso y más, pero sabe de entrega. Sabe de esfuerzo. Sabe muchas cosas y las que no… bueno, se podría decir que se las inventa. Pero, para eso es quién es, ¿no? El mago de los tiempos, el héroe de las horas.


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