
Un color que lo absorbe todo. Un color de intensidad, de secretos, de sentimientos.
Negro. Y una pareja se esconde de las luces de las farolas de mi calle, para besarse en la intimidad. Se susurran cosas y se ríen. Se hablan con silencios mientras que usan las carcajadas para tapar lo demás.
Negro. Mirarse en el espejo y no encontrarse. Estar perdido sabiendo perfectamente dónde estás. Negro no es que no quieras mirarme, negro es que me mires y no me veas.
Negro. El fondo del mar, el día de mañana, las noches de invierno. Desconectarse del mundo tras un día largo y estresante. Quitarse los zapatos al llegar a casa, tomarse un café, una copa, una tila... Y cerrar los ojos en el sofá con una sonrisa. Cerrarle la puerta al mundo para abrirme a mí un balcón.
Negro. Un móvil que no suena, una carta que no llega, un montón de caras desconocidas en la multitud. El miedo que te atraviesa el alma con sus uñas largas y afiladas, despacio, profundo. Una palabra más alta que otra. Un gesto de indiferencia. La falta de un abrazo.
Negro. Un cine los segundos antes de empezar la gran película. Los instantes previos a un orgasmo. La onza de chocolate que robas de la nevera a medianoche, a escondidas y de puntillas.
Negro. Como tus ojos. Como los míos. Como tu corazón y como el mío. Como tomas el café y como me pinto yo los labios. Como las mentiras que me cuentas y la sonrisa que te doy al fingir que te creo. Como cuando vuelves a mí cuando el mundo te falla y como yo te cojo de la mano cuando tengo miedo.
Negro con todos sus colores. Con la alegría descarada del amarillo. La pasión del rojo y la calma del azul. La sencillez del blanco y la calidez del naranja. La nostalgia del morado. Negro con todos sus colores, sus As y sus Zetas. Negro contigo y negro sin ti.
Septiembre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario